Cordura










Ya no busques la crucifixión de tus ideales, no confundas los vocablos engendrados por los labios de tu verdadera voz. Mira, aunque creas que puedes ver, hacia el espejo de tu ficción. Percibe. Lo sé, es sólo una forma de ilusión, pero es tuya. Le perteneces a ella, y ella es tu propiedad. Si no temes contemplarte, entonces oyes tu propio sonido en el reflejo.

Cuando logra abrirse el envés de la imagen, en la puerta de la fantasía, la laxitud de tu cuerpo sin memoria, permite que los peces acumulados en la vigilia, durante el día, abandonen la barca sin mareas y con el pleno fulgor del sol en reflexión sobre el agua. Pero en la noche, adentrándose en la densidad del silencio sin luna, permanecen inmóviles y extranjeros de los miedos.

Es mejor no insistir en la deriva de las olas, al llegar una tras otra, horadando la firmeza de cada superficie árida, en el estreñimiento de las ideas organizadas y superfluas. Deja en la libertad de sus alas, brillar a tu locura, redímela para que puedas aprender de ella, conjugando todos los verbos necesarios que te permitan arribar a tu destino. Para eso has llegado hasta aquí, y ya no necesitas señalar con tu dedo, hacia la dirección de tu retorno.










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